Me siento débil. Me siento ligero. Me siento diferente. Me rasuré.
Sí, mi barba se ha ido, por lo menos la mayoría. Ahora lo poco que queda se aferra a mi desde una distancia demasiado corta. Siente que la dejaré como al resto de su ser. Pero no lo haré, no por ahora, por lo menos.
He pensado en escritos perdidos, el Necronomicón viene a flote, para resucitar lo que he matado, pero no tiene punto. Ni las fuerzas diabólicas de la mitología Lovecráftica pueden combatir con los seres endemoniados y necios que llamamos padres, es simplemente imposible.
No, lo único que queda es esperar. Esperar para volver a hacerlo, una tortura casi insoportable. Sólo queda esperar. Esperar a mi barba.
sábado, 23 de enero de 2010
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Todos sentimos el mismo dolor, nuestro más sentido pésame.
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